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El informáticas

Chico con guardapolvo de laboratorio y cara de hacker

Estábamos hablando el otro día con una amiga y comentábamos qué había sido de nuestras vidas desde la última vez que nos encontramos. Le dije que estaba trabajando en informática y su respuesta fue claro, siempre fuiste bueno en eso.

Pero si bien me sacó una sonrisa, internamente no lo veo de la misma forma. Nunca supe de verdad tanto sobre informática, sino que creo que lo que verdaderamente sé hacer desde siempre es buscar, comprender rápidamente y ponerlo en práctica. Así que me senté a reflexionar si esto es real y te cuento lo que salió.

Estuve allí, hace tres mil años…

Primero, la escuela primaria. En casa no teníamos computadora, hasta que un día llegó de visita mi tío de Córdoba y nos regaló una. Toda una novedad—un bodoque enorme de colores y sonidos, que mis papás no se animaban a tocar demasiado. Así que me animé y rápidamente entendí cómo se usaba, en aquel entonces, Windows XP.

Me llamó la atención sobre todo PowerPoint, para hacer presentaciones. Me concentré mucho en animar formas, me acuerdo en especial de hacer una batalla de magos que se reproducía sola, con efectos visuales y música. Después de lograrlo me aburrí y pasé a la edición de video con Movie Maker, y ayudando a papá cuando él compilaba fotos de eventos familiares en DVD.

Chico concentrado mirando la pantalla de una computadora con monitor de tubo

Un par de años más tarde pasé a la escuela secundaria, y se vino la era de internet. Empecé a jugar juegos online y mi papá me regaló mis primeros dos CDs de juegos de carrera, uno de rally y uno de fórmula 1. Cuando fui a la casa de un amigo que tenía otros, aprendí a la fuerza que copiar solo el ícono del juego en mi pendrive y pegarlo en mi escritorio, no hacía que se instale. Así es como empecé mi travesía en los siete mares.

Empecé a navegar foros, y rápidamente me di cuenta de los que valían la pena y los que no. Aprendí mil formas de descargar instaladores, de ejecutar parches para piratear el juego, o usar generadores de claves (keygens). También obviamente muchas veces encontré problemas al instalarlos, así que recorrí aún más foros hasta encontrar la manera de que funcionen. Y seguro infecté con más de un virus, lo que hizo que mi papá asociara los juegos con algo que “hacía lenta la computadora”, Recuerdo más de una discusión al respecto, que me ofendía tanto que se atreviera a criticar a mis amados. Locuras de niño.

Llamámelo a Fabio

En la propia escuela, me sentí como Batman la primera vez que un profesor tuvo problemas para conectar el televisor al proyector para mostrar una presentación. Resulta que eran los mismos cables que tenía nuestro DVD en casa, el que varias veces ayudé a mi papá a conectar cuando mirábamos películas. Lo único que hice fue colocar blanco con blanco, amarillo con amarillo, rojo con rojo.

Eso lo vieron las preceptoras también, y como obviamente conectar un cable significa dominar las artes arcanas de la tecnología, de ahí en adelante me hacían llamar para cualquier pregunta remotamente relacionada con eso. Por ejemplo, cómo adjuntar una imagen a un post de Facebook.

Chico estudiando química rodeado de materiales y una computadora portátil

Así logré algunos beneficios, como entrar al selecto grupo de alumnos que tenían la clave de la red de WiFi de preceptoría, la que no tenía restricciones. Facebook era la onda cuando era chico, pero en la red de los alumnos estaba bloqueado.

Igualmente mi aula quedaba muy lejos, y la única red que había me bloqueaba el acceso como a los demás. Así que leí en casa sobre proxys y cómo conectarte como si estuvieras en otro país—por lo tanto, sin las restricciones. Obviamente Facebook detectó esto como actividad sospechosa y me dio un buen susto, pero pude recuperar la cuenta sin problemas, una vez que volví a casa y lo abrí sin el proxy.

Tiempo más tarde, el gobierno lanzó un programa que regalaba unas portátiles chiquitas a los chicos, “netbook del gobierno” para los amigos. La idea era usarla en clase, pero obviamente nos pusimos a investigar cómo jugar en línea con los pibes. Así aprendí cómo se comunica un servidor central con una red de computadoras conectadas, para poder dispararnos entre todos en el CS 1.6. Una vez que logré armar el servidor, el juego me aburrió rápido, así quise instalar otros y eventualmente la pobre computadora no logró hacer lo que le pedía. El siguiente paso fue lógico—qué es Windows, por qué es lento, qué le puedo sacar para que ande más rápido y poder jugar.

Otra vez a desarmar la PC

La laptop entró entonces en un estado de constante recambio—si no estaba reinstalando el sistema, estaba probando un nuevo conjunto de opciones que había leído por ahí, o instalando algún programa para optimizar, todo el tiempo midiéndole el rendimiento como un corredor olímpico. En un punto también le cambié la versión a Windows 7, y como era algo novedoso todo el mundo me pidió que les hiciera el mismo cambio, así que tenía varias laptops en el banco de la escuela en todo momento. Parecía un vendedor mayorista.

Pero llegó un momento donde ya habían pasado un par de años y era momento de renovarla. Como mandaba la costumbre, entré en una cruzada en busca del Santo Grial. Es decir, la computadora más potente que se podía comprar con mi presupuesto. De nuevo me tiré de cabeza en foros, a reviews en YouTube y sitios especializados en laptops (ya en inglés, gracias a mamá), a tomar nota durante varios días. Incluso llegué al punto de no solo leer opiniones sobre la computadora, sino opiniones sobre quién opinaba, para creerle a la persona correcta.

Y después de que llegó, igual que la anterior, pasó casi toda su vida útil, entre desarmada físicamente y desarmada mentalmente con diversas variantes de Linux. En otras palabras, la rutina.

Chico sonriendo, sacando del envoltorio una laptop nueva

Flaco, te pedí la hora nomás

Volvamos al comienzo. La cuestión de hoy era si mi verdadera habilidad no es la informática sino la búsqueda y capacidad de resumen. Obviamente a fuerza de leer mucho sobre el tema, uno absorbe un poco de conocimiento sobre lo que se busca. Pero en mi opinión no te convierte en experto en ese tema—aunque varios me han dicho que tengo síndrome del impostor, así que quién sabe.

Lo que creo que es más valioso es reconocer cómo este patrón se repite a lo largo de toda mi vida, incluso en este mismo blog—por ejemplo, cuando me tocó elegir la mejor combinación de hosting, plataforma y dominio para empezar a escribir. Me interesó mucho el proceso, pero una vez quedó listo, aflojé y pasé a otra cosa.

“El informáticas” no es tan preciso. Más bien, “El búsquedas”, diría yo. Ahora tengo que buscar justamente una manera de que esto sea interesante de leer—si estás leyendo esta última parte, es porque me dio fiaca editar más. Hasta luego.

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