El otro día me fui a la ruta solo, por primera vez con el auto nuevo de mi papá. Pero no se sintió real, sino una simulación de algo real. Ya te explico.
Resulta que me encantan las carreras, y me encanta subirme al volante – pero de mi computadora. Es algo extraño pensar que las cosas que uno practica a diario en el juego podrían aplicarse a la vida real. Después de todo, en palabras de mi viejo, no existe un botón de “reiniciar” allá afuera en la calle. Y eso le quita mucho valor.
Hasta que compramos el auto nuevo, tenía razón. Pero la primera vez que me subí al actual, todo cambió. La palanca de cambios es idéntica a la mía. El volante gira con la misma fuerza aplicada. El acelerador es igual de sensible que el juego. Incluso el campo visual es muy similar – en el auto anterior me sentía fuera de mi elemento por lo difícil que me resultaba acostumbrarme a las dimensiones. En el nuevo, no sé si es el capó más corto y la posición más alta del asiento, pero me siento muy a gusto. Imita casi a la perfección la posición en el simulador.
Tenía aprensión de salir solo, no solamente porque no es mi auto (y ciertamente más caro que mi volante de plástico), sino por la presión de no mandarme errores y volver en una sola pieza. Pero resulta que el juego me ayudó en más de un sentido. Estaba acostumbrado a manejar mucho más rápido en circuitos, así que ir al máximo permitido en ruta parecía ser el verdadero juego.
La otra cosa que noté fue la ausencia de dudas. No habría surgido nunca de mí la iniciativa de manejarlo, pero esta vez era un amigo varado, sin colectivo de regreso, en un pueblo cercano. Es curioso cómo el simple hecho de que alguien necesitara de ayuda me forzó a dejar de lado preconceptos, vaciar la mente y hacerlo.
Obviamente pienso que esto es mágico, porque desbloquea una fortaleza y una voluntad de la que yo mismo no dispongo. Así que ahora me pregunto cómo podría salir de la simulación cuando el beneficiario soy yo. En otras palabras, ¿qué se tiene que cumplir para que me muestre igual de convencido al momento de hacer algo que estoy evitando, cuando es para mi propio crecimiento? Resulta interesante imaginar una segunda versión de mí en el futuro, que ya logró lo que estoy proponiendo hacer, como en los juegos de carreras cuando uno persigue al “fantasma” que reproduce la vuelta anterior.
Me pregunto si podré comunicarme con ese otro Fabi. Hacer que todo sea más suave y cómodo, y poder transferir energía correctamente del motor a la calle.
