«¡Hola de nuevo! Antes de que preguntes, sí, me corté el pelo.» O eso imagino que te dice mi blog para saludarte. Resulta que no publico nada hace un tiempo, pero no porque no quería, sino porque estaba cambiando de plataforma y necesitaba que estuviera lista antes de seguir publicando. Los detalles técnicos son entretenidos, tuve que aprender y probar bastantes cosas, pero lo más interesante es cómo afectó mi proceso de escritura como tal.
Primero, lo que cambió es el flujo de trabajo. El blog anterior usaba WordPress, que es muy parecido a un procesador de texto clásico. Entrás al panel de control con usuario y contraseña, tenés un editor que te muestra directamente cómo queda el texto a medida que lo estás armando, y finalmente guardás la nueva entrada. Como me jodía tener que estar online para escribir, solía hacer todo primero en un editor en la PC, para después copiar el texto a WordPress; entonces terminaba haciendo la revisión final en el propio blog.
Ahora uso un generador de archivos estáticos que funciona en dos pasos. Primero escribo todo en un archivo sin formato, y uso un programa en la PC para convertirlo en un sitio web completo. Después subo esos archivos directo al verdadero blog. Lo bueno es que como es solo texto sin tantas barras que controlan colores, tamaños, etc., escribo sin distracciones y no necesito internet ni una computadora potente para trabajar. La contracara es que desapareció la última etapa de revisión visual antes de publicar.
Otro efecto de irme de WordPress es la cantidad de tiempo que “dejo descansar” un escrito. Típicamente se recomienda que no termines de editar en el mismo día que escribiste el primer borrador. Esto porque crear palabras es poner parte de uno mismo en la obra, así que uno se enamora de la primera versión y resulta difícil tomar la distancia que se necesita en una edición con ojo crítico. Solo con esperar un par de días el sentimiento inicial desaparece, así que te animás a cambiar cosas y el texto se beneficia.
La facilidad de WordPress era poder entrar desde cualquier dispositivo en cualquier momento, es decir, podía darme el lujo de publicar la versión inicial y revisar más tarde. Era una mala costumbre, porque editaba incluso varias veces en el mismo día, corrigiendo cosas que debería haber filtrado antes de compartirlo online. Ahora con el nuevo sistema esto es imposible porque la copia online es código puro, sin editor visual. Me obliga a revisar con más calma antes de continuar, y me alegro.
Además, si bien puedo escribir texto sin formato desde cualquier lugar (incluso en una nota de voz en el teléfono), solo puedo publicar desde la computadora, así que la edición final tiende a ocurrir ahí. Esto creó una especie de lugar seguro para la creatividad, porque quizá tengo algún bloqueo, pero el simple hecho de abrir la laptop y ver todos los otros escritos que ya terminé, me pone de mejor humor y potencia mis ideas. Yo sé que esto va en contra del consejo general de intentar diferentes medios cuando estás bloqueado, pero capaz yo sea la excepción. Lo importante es que encontré lo que funciona, y lo podré poner a prueba de todas formas cuando enfrente un bloqueo real, como al escribir una novela.
Más allá de la plataforma en sí, el hecho de migrar de un tipo de sitio a otro, hizo que me concentrara en detalles que no estaban antes. Uno de ellos es el resumen de cada post; en WordPress lo había dejado automático, pero en esta nueva versión preferí escribirlo a mano como corresponde. Así que me enfrentaba a la tarea de resumir varios tipos de escrito en 200 caracteres, unas 30 palabras en promedio.
Esto es obviamente un desafío. Como leí en este artículo de Nature, un límite tan estricto fuerza lenguaje menos formal y gramaticalmente cuestionable, es decir, la densidad de información aumenta mucho. Si querés un ejemplo, la oración anterior ya tiene unos 180 caracteres. Para poder optimizar, se eliminan palabras que señalan el estado de ánimo o, en este caso, marcas de la voz del autor, que define el estilo de escritura. Si bien no es tan importante para un blog personal, el resumen de un post puede ser determinante para atrapar o no un potencial lector, porque usualmente es lo que sale en Google. Lograr un balance entre mostrar cómo escribo y atrapar con el contenido del artículo fue ciertamente interesante.
La otra cosa que influenció mi manera de escribir es la cantidad de resúmenes. Originalmente pensé en hacer todo “legal”, leyendo el artículo entero y resumiendo a mano. Pero cuando hacer dos resúmenes me llevó casi quince minutos y vi que me faltaban más de treinta artículos, tuve que pensar en alternativas.
Para mi trabajo tengo que usar bastante seguido inteligencia artificial (IA), así que ya había tomado un par de cursos para poder aprovechar al máximo los modelos comerciales. Lo que hice fue analizar con IA los dos textos con sus resúmenes para informar al modelo qué características hacen a un buen resumen, y luego pedí que me diera dos resúmenes alternativos de un tercer texto, como prueba. Si bien el resultado no tenía mi “chispa”, era suficiente para darme idea de dónde enfocarme al escribir, sin leer el texto entero.
Viendo el éxito, después de armar todos los resúmenes quise testear más el potencial de generar ideas. La parte más caótica del proceso de escritura tiende a ser, en mi caso, la invención desde cero. Como se me ocurren tantas cosas banales que jamás voy a usar, analizarlo todo y editar hasta llegar a una forma más robusta es lo que más me consume tiempo. Pero si ingiero el texto con IA y leo su versión desinfectada, puedo ponerme mucho más rápido en el rol del editor para lanzarme a escribir. El detalle es que justamente durante la invención caótica es que cada tanto surge alguna joyita que solo al autor le da más ideas para otras historias. La IA como no piensa, ni tiene humor o recuerdos, no lo asocia con nada interesante y se descarta. Pero siempre que sean formatos relativamente cortos, no se pierde demasiada información.
Obviamente también se puede usar IA como escritor fantasma, como hacen por ejemplo las empresas. Esto ya no es para editar o corregir sino directamente producir el texto entero, porque el objetivo es la cantidad y no el contenido. No haría esto no solo porque se pierde mi voz, sino que ya no estaría presente justo en lo que más me gusta, que es escribir.
Pero esto no quiere decir que no puedas usar la herramienta como complemento. Cada autor sabe qué es lo que disfruta más hacer; alguno prefiere las descripciones, otro armar la estructura de la historia, o los diálogos, o las características y el pasado de los personajes. Se puede usar un modelo de IA generativo para que se encargue de lo más tedioso y poder tener tiempo para lo lindo; obviamente con cuidado de no atrofiarse en esa área.
Personalmente, no hay ninguna parte del texto en sí que no me guste trabajar. Lo que me encantó es poder tener un compañero virtual como ayudante para crear porquería. Lo que hacía antes era sentarme a escribir por diez minutos sin rumbo, solo aliterando mis pensamientos. Si ahora en lugar de buscar ideas ahí, lo tiro en el prompt de una IA y pido que lo interprete, o que reescriba con cierto tono, como nada de lo que le dije tiene sentido, lo que obtengo son giladas maravillosas. La IA amplifica el caos y multiplica las ideas.
Esto es por la naturaleza misma de la herramienta. Lo que estás haciendo es un muestreo estadístico. Tenés un conjunto de datos que asocian cada palabra con características (por ejemplo, “mujer” tiene un valor numérico para “femenino” más alto que el valor de “hombre”). Para responder a tus consultas, el modelo busca en su base de datos las características de cada palabra que enviaste, y elige la palabra siguiente que más se asemeje al “promedio de significado” de la pregunta. Las consultas que sean lógicas producen resultados normales, pero si obligo a la IA a relacionar en esencia al azar, salen sinsentidos con los que puedo jugar como artista.
Aclaro
La explicación de arriba dista mucho de ser precisa. Si querés información más cercana a la realidad, te dejo dos videos excelentes.
Así que eso es lo que pasó. Cambiar la plataforma que soporta al blog, hizo que cambie el contenido e influenció la manera en que escribo y pienso la escritura. Muy cool, ¿no?
