Se rompen cosas y uno se adapta. La lluvia, un bache, unos auriculares rotos me obligan a salir del piloto automático, para terminar aprendiendo que no era tan terrible.
Un funeral y la pregunta de una nena, que me deja reflexionando sobre la pérdida. La simplicidad de caer y levantarse, frente a la complejidad de decir adiós para siempre.
Me agarró lo contrario de una crisis existencial, una calma que puse en palabras. Estoy celebrando a una amiga que años atrás me habría odiado; no me reconozco, pero me gusta.
Discutíamos con un colega cómo llegar al trabajo en la lluvia. Le hice caso y terminé con barro hasta en el ojo, pero fue bastante divertido. Enterate de todos los detalles.
Nada del otro mundo, un día que dejé de scrollear y me puse a mirar el cielo. No tenés que ir muy lejos para encontrar cosas lindas, y el arte te deja con ganas de escribir.
Estoy cansado, jefe. Pero cuando viajo en cole, se me disuelven las responsabilidades, y lo único que importa es dónde me siento. El resto es problema del Fabi que ya llegó.
Vivir solo en la ciudad es descubrir que el reloj manda, en especial si como yo, te falta mes al final del sueldo. Te cuento cómo hacer para que un trayecto aburrido sea cine.
Empiezo a vivir solo y arranco un blog. Me pega la emoción, obvio, pero no solo escribo para llenar un vacío. Tengo cosas que contar, y vos evidentemente querés leer. Bienvenido/a.