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30 mensajes no leídos

30 mensajes no leídos

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El otro día estaba hablando con una amiga que tengo hace poco, que vive muy lejos mío. La conocí en una aplicación móvil para hablar con gente aleatoria de alrededor del mundo, y no tenía demasiadas esperanzas - la mayoría contestaba poco, no hacía esfuerzo para mantener viva la conversación.

Intercambiamos un par de mensajes y parecía prometedor, pero ya estaba cansado de intentarlo con mucha gente y el celular estaba demasiado tiempo en mis manos para lo poco que obtenía como resultado, así que le dejé un mensaje genérico. Algo así como “voy a hacer un detox digital, fue lindo hablarte, si querés seguir la conversación podés encontrar mis redes en mi blog”, y eliminé la aplicación. Para mi grata sorpresa, al rato recibí un mensaje por Telegram, y rápidamente nos hicimos amigos.

Es curioso cómo funciona la cabeza. Si bien esta chica habla inglés perfectamente, existen algunas frases que expresa distinto. Quizá un nativo lo diría con una frase armada, es decir una manera “promedio” para su país, que la mayoría copiaría de la misma forma sin pensarlo demasiado. Como ella no tiene ese contexto, recurre a la creatividad pura para comunicarse. El resultado es una genuinamente divertida muestra de carácter y de la manera en que el cerebro hace conexiones libres entre conceptos al hablar, exactamente como haría un escritor de ficción. Me gusta mucho, y me hace preguntarme qué frases diré yo que ella interpretará como curiosas por su propio lado.

Otra cosa que noté es aquello que leí alguna vez sobre memoria condicionada por el contexto. Un experimento que hicieron con profesionales del buceo, que aprendían palabras de memoria en la playa y en la profundidad del mar, y solo recordaban las palabras correctamente al volver a la superficie o bajo el agua, respectivamente. Es decir, el cerebro funciona muy bien para asociar ciertos comportamientos con un contexto específico. En el caso de nuestras conversaciones, dada esa característica que tiene ella de usar inglés creativo, mi propia creatividad se estimula de inmediato como respuesta, y nos ponemos a hablar siempre sobre hipotéticos que solo tendrían sentido como juego o como historia de fantasía. El último ejemplo fue ponerse a debatir qué tipo de lentes usaría una mesa si los necesitara. Es una cosa muy linda que se genera tan solo al abrir el chat con ella, que curiosamente no me pasa cuando me siento a escribir a diario en mi propia laptop. Es decir, puedo lograr el mismo nivel de fluidez risueña, pero solo después de un rato de ejercicios de escritura libre, no es instantáneo.

Un tercer detalle que me gusta es que vivimos en culturas totalmente diferentes, así que sabemos muy poco del mundo del otro. Las más pequeñas muestras de la rutina diaria se convierten en una maravilla visual e intelectual, entonces ahora me descubro abriendo los ojos más seguido a lo cotidiano, para capturar cosas pensando en qué mostrarle a mi nueva amiga en el siguiente mensaje. Me ha ayudado a mejorar las descripciones en mis escritos, y lograr esa “chispa lingüística” en un escrito u otro, rescatando detalles que si no fuera por ese espíritu de querer compartir, quizá me habría perdido.

Qué bonito que se siente esa conexión tan especial. Y qué útil, como dizque escritor, también. Es verdad lo que hablan por ahí de que las emociones fuertes son la mejor fuente de inspiración. Kudos para Darwin.